Durante las evaluaciones físicas, los bebés no pueden articular qué les duele, explicar lo que ocurrió o expresar preocupaciones sobre procedimientos previos o complicaciones. En estos casos, es de vital importancia escuchar al padre, tutor o trabajador social, porque ellos sabrán cuál es el estado basal del niño. Este es el inicio del camino clínico, o lo que algunos llaman el "plan piloto para un plan de atención".3
[Los padres] tienen un conocimiento ‘experto’ de lo que es el comportamiento 'normal' o 'anormal', y es vital que los equipos clínicos los respeten y escuchen, tratando este conocimiento parental con la misma importancia que los resultados de pruebas y opiniones de médicos y enfermeros.
- Louise Whittle, Asociación de Padres de Niños con Enfermedades Graves6
Muchas organizaciones han comenzado a implementar esfuerzos de simulación pediátrica a gran escala, según la Academia Americana de Pediatría (AAP). Un ejemplo es el Campamento BASE Pediátrico, un evento de simulación inmersiva apoyado por Laerdal y presentado por Weill Cornell Medical College, que se centra en perfeccionar y fortalecer las habilidades del camino clínico que los proveedores utilizan cuando enfrentan una emergencia pediátrica.4
Otras organizaciones están utilizando simulación secuencial (SqS) para preparar al personal de primera línea a participar en cuidados integrados o centrados en la persona en varios puntos del recorrido del paciente.5 Este tipo de simulación se centra en momentos clave, como las transferencias (es decir, de los padres al médico, de la ambulancia al servicio de urgencias, etc.), el intercambio de información, la asignación de roles y las tareas individuales.
Poder evaluar los síntomas, medir las diferencias e mejoras fisiológicas y realizar intervenciones permitirá a los aprendices suspender la incredulidad y avanzar a través de la simulación sin obstáculos.