A medida que la población mundial se diversifica, también lo hace la población de pacientes.Y esto debería afectar a la formación de los profesionales sanitarios para el desempeño de sus funciones.
El fomento de la diversidad, la equidad y la inclusión en la educación sanitaria ha sido objeto de gran atención, con la intención de reconocer las disparidades sanitarias y mejorar la calidad de la atención y los resultados sanitarios de los grupos ajenos a las estructuras de poder dominantes.
El problema es conocido: existen disparidades en función de la raza, la etnia, el sexo, la edad, el nivel educativo y la ubicación geográfica.Las soluciones pueden parecer mucho menos seguras.
Existen prejuicios sociales, estructurales y personales que repercuten negativamente en las disparidades sanitariasQueremos centrarnos en la formación de los profesionales sanitarios y en cómo unos métodos de formación más sólidos pueden desarrollar profesionales culturalmente más competentes y conscientes.
El uso de la simulación para formar al personal sanitario y al personal en formación tiene muchas ventajas, como hacer que los conocimientos cobren vida, aumentar la comprensión clínica, reforzar la confianza para tratar casos graves y muchas más.
En este artículo, analizamos cómo la simulación puede ayudar a reducir el sesgo implícito y mitigar el riesgo para pacientes de diversos orígenes.Este artículo incluye ejemplos de casos hipotéticos y herramientas útiles para realizar o proponer un cambio educativo en su organización con el objetivo de orientar experiencias de aprendizaje culturalmente más diversas e influir en una atención sanitaria más segura y equitativa.